El efecto compuesto de las comisiones
Una comisión del 1 % anual parece poca cosa. En décadas se lleva una parte del saldo final mucho mayor de lo que sugiere el porcentaje. Estos son los cálculos.
Por qué un porcentaje pequeño no es pequeño
Una comisión suele expresarse como un porcentaje de lo que usted tiene invertido, y se cobra cada año. Un uno por ciento parece un error de redondeo. Pero se aplica sobre todo el saldo, no solo sobre el crecimiento, y al año siguiente vuelve a aplicarse sobre un saldo que ya es menor de lo que habría sido.
Es la capitalización trabajando en su contra. Cada importe que retira una comisión deja también de generar rentabilidad durante todos los años siguientes, de modo que la distancia entre el saldo que tiene y el que podría haber tenido crece cada año más deprisa.
Una forma útil de ver su tamaño: si una inversión rinde un 7 % anual antes de costes, una comisión del 1 % no se lleva un uno por ciento de su resultado. Se lleva aproximadamente una séptima parte del crecimiento de cada año.
Un ejemplo práctico
Tome 5000 € y deje que esa cantidad crezca al 7 % anual, con capitalización anual y sin añadir nada. Después tome la misma cantidad al 6 % — la misma inversión con una comisión anual del 1 % descontada de la rentabilidad — y compare ambas a medida que pasan los años.
| Al cabo de | Al 7 % | Al 6 % | Coste de la comisión |
|---|---|---|---|
| 10 años | 9836 € | 8954 € | 882 € |
| 20 años | 19.348 € | 16.036 € | 3313 € |
| 30 años | 38.061 € | 28.717 € | 9344 € |
Al cabo de diez años, la comisión ha costado un 9 % de lo que podría haber sido el saldo. Al cabo de veinte, un 17 %, y al cabo de treinta, un 24,5 % — casi una cuarta parte —, aunque la comisión en sí nunca dejó de ser del uno por ciento.
Otros niveles de comisión siguen el mismo patrón. En esos mismos treinta años, una comisión del 0,5 % cuesta alrededor de un 13 % del saldo final, y una del 2 %, alrededor de un 43 %.
Con aportaciones periódicas
La mayoría de la gente no invierte una sola cantidad y se olvida. Con los valores por defecto de la propia calculadora — 5000 € para empezar y 500 € al mes — treinta años al 7 % llegan a 626.316 €. Al 6 %, las mismas aportaciones llegan a 518.483 €.
La diferencia es de 107.833 €, alrededor de un 17 % del saldo final. Las aportaciones periódicas suavizan un poco el efecto, porque las más recientes llevan poco tiempo pagando comisión. Sin embargo, medida solo frente a los intereses, la comisión sigue llevándose alrededor de un 24 % de todo lo que generó el dinero.
De dónde salen las comisiones
El coste de mantener una inversión rara vez es una sola cifra. Las partes habituales son:
- Gastos del fondo. Unos gastos corrientes que se descuentan dentro del propio fondo, de modo que nunca aparecen como una línea aparte en un extracto.
- Comisiones de la plataforma o de custodia. Un porcentaje anual, o un importe fijo, por mantener la cuenta.
- Comisiones de asesoramiento o de gestión. Un porcentaje que se paga a quien elige o reequilibra las inversiones.
- Costes de operación. Corretajes, la diferencia entre el precio de compra y el de venta, y el cambio de divisa.
Los porcentajes se suman. Un fondo con unos gastos del 0,6 % en una plataforma que cobra un 0,4 % cuesta un 1 % anual en total, que es el ejemplo de arriba.
Compruébelo con la calculadora
La calculadora de interés compuesto muestra el crecimiento antes de costes. Para ver lo que hace una comisión, introduzca las mismas cifras dos veces: una con la rentabilidad que quiere probar y otra con la comisión anual total restada. Restar es una aproximación cercana, no un cálculo exacto, y la diferencia entre los dos valores finales es, a grandes rasgos, lo que cuesta la comisión en ese periodo.
La inflación merma la rentabilidad de una forma muy parecida — vea inflación y rentabilidad real. Y como un tipo de interés puede expresarse de más de una manera, conviene saber en qué se diferencian los tipos nominales y efectivos.
Estos ejemplos suponen la misma rentabilidad todos los años, algo que ninguna inversión real ofrece. Muestran cómo se comportan las comisiones, no lo que rendirá un producto concreto, y nada de esto constituye asesoramiento financiero.